14-10-2016 CAYO FRANCISQUI, LOS SURFISTAS Y LAS OLAS


14-10-2016   CAYO FRANCISQUI, LOS  SURFISTAS Y LAS OLAS

Y nos vamos a conocer otro cayo, el de Francisqui, apenas a 2,5 millas de distancia.
Nos ponemos en marcha pero con mucha desconfianza, tenemos un ojo en la sonda, otro en el plotter y otro en el color del agua, suerte que somos dos, porque ya sé que da para pensar lo de los tres ojos.
A los pocos metros ya vemos que el mini plotter Garmin no conoce el lugar, sus distancias a los arrecifes no es correcta, el OpenCpn más de lo mismo, bueno un poco peor, pues dice que navegamos con ruedas por el aerodromo, al final lo único fiable es la sonda y sobre todo la vista, a más turquesa el agua, más probabilidades de tocar fondo.
Por un estrecho y marcadísimo canal, el contraste en los colores del agua delimitan perfectamente por donde no se ha de navegar, otorgando de una especial belleza el pequeño estrecho.
La pequeña bahía de Francisqui esta repleta de yates a motor, ya nos avisaron que los fines de semana es el fondeo preferido,  todos son millonarios venezolanos, en la orilla tienen montadas carpas y parece que el pequeño cayo sea propiedad de ellos.
El dinghy no hay problema en llevarlo a remolque, pues el mar dentro del archipiélago es muy contenido y apenas hay olas.
El fondeo lo hacemos a 10 mts., los yates están amarrados a tierra por popa y ancla por proa, la orilla tiene un escalón de más de 5 mts de profundidad, permitiendo este fondeo sin problemas.

CAYO FRANCISQUI , UNA BOMBA  DE LUZ Y DE COLOR
AQUI SE PUEDE VER EL LIMITE DEL CANAL



Con el dinghy vamos a recorrer los alrededores, Arjuna me comento que pasáramos a saludar a Elías, surfista que vive en un palafito.
Nos acercamos con el dinghy pero no se encontraba en casa  y continuamos la excursión.

EL PALAFITO DE ELIAS, !!QUIEN DA MAS!!
En la otra orilla vemos una cabaña, allí el agua transparente deja ver rocas y como llevamos los equipos de snorkel, ponemos proa al sitio.
El agua está muy turbia y la fuerte corriente no hace nada cómoda la actividad, en la cabaña veo a dos hombres que me saludan, entiendo que quieren hablar y allá que nos dirigimos.
Dejamos el dinghy fondeado y entramos en la “cabaña”, allí nos saludan Oscar, windsurfista empedernido y Cheo indio venezolano que por el momento la cuida vive en ella.
Sentados en la terraza, comenzamos a hablar, Cheo nos invita a coco muy rico, charlamos de todo, desde el surf, los huracanes, el régimen bolivariano, la conversación fluye en vagonetas de tren.

LA CASA VERDE, !!OTRA MARAVILLA!!
!!SIN PALABRAS!!
LA NATURALEZA,  !!SENCILLAMENTE ESPECTACULAR!!

!!DE MAYOR ME GUSTARIA  SER ROQUEÑO!!

Oscar me ofrece una tabla de olas para windsurf y no puedo rechazar el ofrecimiento, yo encantado y el más por compartir, él se viene aquí remando en tabla de surf desde Gran Roque, si la previsión es para días, al pueblo no vuelve mientras duren las olas, un loco de la paz y las olas, con los que enseguida me identifico y gozo de poder charlar. Cheo nos regala un pargo que mantiene vivo en una nansa, en la cabaña no hay luz y menos nevera.
También nos dicen dónde agarrar pulpos y langostas, nosotros pasmados con la cordialidad de estos locales, no dejamos de tropezar con la alegría, la sorpresa y la felicidad.
Nos cuentan la historia de Elias y su palafito, en principio la casa estaba construida sobre un gran istmo de arena que lo unía al cayo, ya la hubieron de cambiar de ubicación varias veces, pero desde hace 3 huracanes para atrás, la arena del istmo fue desapareciendo, hasta que llego Matías y acabo por dejar el palafito totalmente aislado, desde luego es el sueño de cualquier surfista, pues el spot de olas esta justo delante.
En mi época de winsdsurf, ni soñando imagine algo parecido, se sale de cualquier raciocinio surfista.

OLAS, UNA ADICCION OLVIDADA QUE AQUI TOMA FUERZA

DONDE LAS ALMAS RENUEVAN SU VESTUARIO

EL CUADRO DEL SALON DE LA CASA VERDE

LA TERRAZA


EL GRAN ROQUE DESDE EL ESTE

Nos despedimos quedando para hacer una paella, Cheo se encargara del pulpo, la langosta y el botuto y nosotros del arroz y la bebida.
Dejamos La Casa Verde, así la llaman por el color de su tejado, la paz que vimos en estos hombres no es para relatarla, hay que estar allí y oírles, ver  como sus ojos reflejan la calma y la convicción  de sus formas de vida, comprobar como comparten todo sin preguntar ni tener segundos intereses, ¡! un ole!! de los grandes para estos dos interesantes tipos.
Salimos de allí con una gran alegría, quizás demasiada, momentáneamente nuestras mentes se convierten en calentitos bollos, tanto que metemos el dhingy en un bajo y jodemos la hélice, solo podemos ir al ralentí, la goma que hace de fusible se ha reventado.


CONTRASTES, !!SI FUESE PINTOR, POETA O ARTISTA ESTE LUGAR SERIA CUNA DE INSPIRACION!!

!!Y POR SI NOS PARECIA POCO!!

Con paciencia y tres tornillos logramos dejarla funcionando, a partir de ahora volveremos a poner los tres ojos, tanto en el Golden como en el dinghy,  los bollos para las panaderías.
Al otro día vamos donde nos indicó Cheo, en busca de pulpos o langostas, el lugar es justo al borde del arrecife, las olas revientan a escasos metros y la poca agua que se cuela, crea una gran corriente, después de pelear un buen rato, me doy por vencido, no encuentro ni pulpos ni nada que se le parezca.
Pero al dirigirme al dinghy, un pez plateado (no puedo decir que tipo), me cruza a escasos metros, el tamaño me asusta pues a pesar de no verlo bien, es el pez más grande que he tenido cerca, con mucha elegancia sigo nadando y me meto en el dinghy. De lo que estoy seguro es que no era un tiburón, pero la impresión fue que hacia un yo y medio.
Desde el Golden veo el spot de olas, cuando me doy cuenta estoy ansioso por meterme allí y agarrar algun surf, hacía mucho que esto ni lo pensaba, aquí es imposible, el ambiente del pueblo, las olas, la temperatura del agua, su color, son demasiados detalles como para quedar indiferente.
Mi estado de forma no me permite aventurarme con esas olas, no puedo permitirme romper el material y mucho menos lesionarme, me contengo las ganas y con la idea de entrenar nos vamos al pueblo para que Oscar me entregue su tabla.
Cuando llegamos al quiosco de Oscar, me deja una AHD de olas y comenta que viene un mar de fondo para el martes, toda la comunidad surfera esta revuelta, yo me voy a mirar si viene viento, desgraciadamente no pasara de 15 nudos.
El material que dispongo es muy pequeño y no creo que sean suficientes para poder navegar.
Pero como con las ganas no me puedo quedar, me voy a la playa del pueblo y monto el equipo, apenas planeo y la idea de ir a las olas abandona definitivamente mi estrujado cerebro, no lloro porque soy grande.
Y llega el martes y su mar de fondo, desde el tejado de la cabaña de Cheo, veo a los surfees, están en un pico increíble, la ola a pesar de la distancia a la que me encuentro se ve grande y me conformo con observarlo desde aquí.
Sin darme cuenta el veneno de las olas está volviendo a la sangre, se que esta muy complicado, pero es una adicción y como tal, hay que cuidarse y mucho de recibir dosis alguna.
Y para que la pena sea llevadera, decidimos comprarles dos langostas a los pescadores que tenemos al lado.
Me voy con el dinghy hasta sus ranchitos, el saludo es cordial y están cortando una enorme raya que será el alimento para las langostas que tienen capturadas en las nansas.
Acordamos el precio y por “dos antenudos” me piden 10000 bolos, 12 dólares, además me regalan un pescado y me invitan a café, yo encantado con la charla les comento que me gustaría venir con la cámara y hacer fotos del lugar, ellos sin problema alguno me responden que cuando quiera.
A los pocos días el cambio y la poca demanda de langostas hace que estas bajen de precio, de los 6 dólares que pagamos, ahora están a 3,5, para reventar de placer y acabar con cara de antenudo.


!!UN ASESINATO!!, PERO SIN CADAVERES
Y con un puñado de arroz y cuatro verduritas Nuria se marca una paella internacional de rechuparse hasta el bigote, con el resto de langosta hace un salpicón que aun hoy después de tres meses, lloramos cuando lo recordamos.

HASTA LAS LAGRIMAS NOS SABEN A LANGOSTA

Y volvemos al Gran Roque, el barco de las provisiones ha llegado y estamos faltos de ellas.
Paramos en el quiosco de María, mientras tomo un café, conocemos a otro joven surfista venezolano, vive en Caracas, pero cuando se entera que llegan olas, agarra la avioneta y se viene a surfear, nos ofrece cambiar los bolívares a 1000x1, nosotros le respondemos que ya podríamos haberle conocido hace una semana, ríe y nos comenta que el sale hoy para el continente, pero que nos deja el telf., de un amigo para hacer futuros cambios.
Me enseña las fotos del móvil y como no, son todas de marejadas que llegan a la isla, impresionantes fotos de surf que solo consiguen ponerme los pelos de la piel, como escarpias.
Al anochecer ponemos las cañas, el disfrute de la pesca dura poquito, en poco tiempo pica una rubia, su tamaño ya es suficiente para comer mañana y nuestro objetivo no es llenar la bodega de peces, así que hasta mañana se acabó la pesca.
A la hora de la comida, nuestras condolencias para la familia de la rubia y la gratitud por tan rico manjar.


UNA RUBIA
OTRA RUBIA


!!Y FUERON FELICES Y COMIERON RUBIAS!!
Pasan rápidos los días, aún no hemos visto ni una cuarta parte del parque y apenas nos quedan tres días para tener que salir.
La idea es irnos a la isla más occidental, Cayo Carenero, estar allí un par de días y volver hacer la entrada.
Hablando con Oscar de windsurf, me comenta que el letrero del quiosco, es una tabla de olas, que un día dejo de usar la decoro y uso como rotulo, le digo que se la compro y me contesta que no, pero al final se lo piensa y por 50 dólares me la llevo, el contento y yo más.
La tabla se agujereo para colgarla en el quiosco, pero nada importante y su reparación es bastante simple, el Golden queda convertido en taller de reparación, pues aprovecho el hacer resina y reparo la que me presto, la recién comprada y la nuestra.




Y comenzamos a preparar la salida del parque, vamos al súper y ya hace 4 días que el barco de las provisiones se fue, las estanterías están más vacías que llenas, no hay ni pan, así que los tres días que estaremos fuera, serán a base de tostaditas.
Con nuestros amigos del Vitamina quedamos que nos vemos el viernes en Gran Roque.

EL SOL, EL GRAN ROQUE, EL FINAL DEL DIA Y NUESTRA PAZ